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La placa solar que imita al girasol quiere conquistar EEUU

Detalle de las placas imitadoras del movimiento de los girasoles de Solaray. / EL MUNDO

Detalle de las placas imitadoras del movimiento de los girasoles de Solaray. / EL MUNDO

Ya es posible imitar el heliotropismo característico de los girasoles para conseguir el máximo rendimiento de las placas solares. Lo ha conseguido la empresa Solarays, quien después de varios años de investigación ha logrado que su tecnología se mueva, como lo harían estas flores, al mismo tiempo que se desplazan los rayos solares.

«Los paneles convencionales tienen picos de potencia a las horas centrales del día, cuando el sol está a 90 grados respecto a los paneles», explica Jaime Caselles, creador de Solarays, quien indica que su sistema en movimiento, en cambio, «siempre está al máximo de potencia y recibe la máxima radiación solar», por lo que genera energía estable y permite conseguir entre un 30% y un 40% más de rendimiento diariamente.

Solarays lo consigue con paneles formados por piezas que siguen autónomamente la posición solar y que, además funcionan por concentración por lo que, como adelanta Caselles, usan «100 veces menos células solares», algo que les permite reducir mucho el coste ya que es la parte más cara de los sistemas de energía fotovoltaica.

Con la ayuda del departamento de Diseño e Inyección del Instituto Tecnológico del Plástico, Aimplas, Solarays ha conseguido un prototipo funcional impreso en 3D con resinas y piensa ya en la producción de sus paneles solares con capacidad de tracking. «Ahora queremos conseguir una planta piloto, una demo de 5kw de potencia para certificar su uso en un laboratorio», dice Caselles, quien contaría también con la colaboración del departamento de fotovoltaica de Centro de Tecnología Nanofotónica de la Universidad Politécnica de Valencia para acoplar las células de silicio en el foco.

Para seguir avanzando, la empresa ha iniciado la búsqueda de financiación que les permita producir masivamente estas piezas estandarizadas que estarán hechas en chapa galvanizada como las que se usan en las cubiertas industriales. «Necesitamos 400.000 euros, especialmente para hacer los moldes, una de las partes más caras del proceso ya que tienen que ser exactamente los mismos que se venderían en el mercado», relata Caselles, quien debe enfrentarse ahora a la dificultad de encontrar inversores. «Normalmente apuestan por proyectos que estén ya en el mercado», se lamenta el director de una empresa que tendrá sus primeros clientes el próximo año y que espera facturar 100 millones de euros en cuatro años, con una rentabilidad del 20%.

Su sistema está ya patentado en Europa, Estados Unidos, China, India y Brasil y Caselles lo imagina ya instalado lejos de España, donde hay políticas restrictivas del autoconsumo. Por ello, ven en los tejados norteamericanos su punto de inicio. «En Estados Unidos hay un boom de placas solares fijas en las casas y las nuestras, por su configuración de pocas piezas, serían muy fáciles de instalar en techos porque tienen poca carga de viento y no obligan a buscar inclinaciones, por lo que sería muy apto para consumidores pequeños y medianos», detalla el CEO de Solarays.

«Nuestra previsión es que se pueda reducir a la mitad la factura de los 14 céntimos el kw por hora actuales a 7 céntimos», apunta, ilusionado por la posibilidad de que una tecnología como ésta nos lleve a ser «procumers», es decir, productores y consumidores a la vez.

 

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